19 agosto 2013

MINIRELATO 6

Otra vez estoy aquí, al borde del abismo. Nunca entenderé como los trapecistas son capaces de saltar, será porque tienen fe ciega en que su compañero lo va a agarrar pero la verdad, es que yo, pese a que veo ahí abajo a un montón de familiares míos gritándome y chillándome, no acabo de decidirme.

Aquí estoy, con los pies colgando ante mi abismo particular. Me balanceo. Me tiro o no me tiro.
Me tiro. Esto no tiene sentido. Trato de estirar las puntas de los pies tanto como puedo. Lo único que toco es la nada, el vacío.

¿Qué dirá mi madre cuando se entere? ¿Qué pensará de mí?

Tengo que hacerlo, esta vez se va a dar cuenta de quién soy yo. No puedo echarme atrás otra vez más, ya lo hice el otro día y todo quedo en un ridículo numerito.

Llevo en la mano el trocito de papel que he sacado de la caja de zapatos, había dos papeles, dos opciones. Me tiro o no me tiro. Ha salido me tiro, así es que allá voy.

Cierro los ojos, me agarro con todas mis fuerzas al bordillo, tanto que hasta mis nudillos se ponen blancos y entonces me inclino hacia delante y rezo:

     - Que sea lo que Dios quiera

Segundos después cuando logro abrir los ojos encuentro la mano salvadora de mi padre que me dice:

         -  Hijo hoy sí, hoy has conseguido tirarte a la piscina.


SGR

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